Así me estoy quedando con el maldito tiempo. Todo se tuerce. Imposible planificar nada. Ayer miré el tiempo por la noche y, aunque no ponía lluvias, sí que ponía que estaría el cielo tapado. ¡Falso! ¡Completamente falso! Eso sí, al salir de casa esta mañana, en Castelldefels, cielo encapotado. En Barcelona, a mediodía veo un cielo totalmente despejado. ¡Y me enciendo! ¡Qué rabia!
Esta mañana, antes de salir, y después de pensármelo un par de minutos, la decisión estaba clara: dejar la moto de lado, toca moverse en coche. Ahora me doy cuenta de que puedo aplicar la –maldita– ley de Murphy: “si hay dos maneras de hacer algo, la que escojas será la peor opción o la incorrecta”. Me cago en el Murphy y en la madre que lo parió. Imposible entrenar a mediodía, pues con el coche tardaría más de 1h30, que es el tiempo del que dispongo hoy. Imposible sacar más tiempo.
Hoy tocan 10 kilómetros running y 1500 metros de natación. La planificación de la semana encajaba estos dos entrenos en la mañana y el mediodía, pero hay que improvisar.
Como a mediodía no voy a entrenar, aprovecharé para sacar algo de trabajo y poder ganar esa hora de tiempo por la tarde/noche.
El entreno de carrera a pie lo haré seguramente por la noche y el de natación por la tarde, con neopreno, que hay que enfundarse en él ya (!)