Esta semana estoy disfrutando como un enano sobre la bici. Últimamente me gusta más esta disciplina, cuando siempre me he inclinado más hacia el Running. Algo está cambiando. Además, la balanza se inclina más hacia la bicicleta de carretera que a la montaña. Son conceptos diferentes con un mismo objetivo: el entrenamiento.
La cintilla iliotibial me ha dado otro aviso esta semana. Esta vez en la pierna derecha. No hay dolor, pero sí que noto cierta rigidez, o principio de molestia, aunque corriendo no molesta nada, sólo ha sido al terminar un entreno de 15 km de esta semana. Estiraré mucho estos días para cuidar al máximo la fascia lata, que tanto da la lata.
El título de la entrada de hoy viene relacionado por el entreno del martes por la tarde. A la vuelta de un trozo de Costas de Garraf que empecé, al llegar a Castelldefels había adelantado a cuchillo a un ciclista. Era un tío muy inflamable. Y yo tiré la cerilla. Total, que el tío se me acopla detrás y nos ponemos en llano a 40-42 km/h, tirando a muerte para intentar liquidarlo. No hubo manera. El tío era especialista en instalar bolas de remolque en las bicicletas de delante y acoplarse todo el camino.
Al llegar al principio de Autovía, sigo en mis trece y me dispongo a apretar de nuevo. El tío se pone a mi lado y me pregunta si estoy haciendo series o si es mi ritmo normal de entreno. Reconoce que va medio KO. ¡Eso te pasa por garrapata! El tío se me puso detrás sin decir ni hola. ¡Por lo menos saluda! ¡Maleducado!
Ayer, con las piernas medio tostadas ya a estas alturas de la semana, salí para completar un entreno de 33 km en poco más de una hora. Recorrido: ida y vuelta rápida a Sitges. O eso creía yo.
Al principio de Costas, veo tres ciclistas que van a entrar justo después mío. Paso y empiezo a tirar a mi ritmo, ni fuerte ni flojo. Total, que veo que vienen lanzados a por mí. Saco el cuchillo y tiro todo lo que puedo. Me doy cuenta de que es uno de esos días en los que las piernas no funcionan. Ni las piernas ni el pulso. Los cuádriceps completamente en llamas y los latidos por las nubes. ¿por qué? Me pasan los tres ciclistas y uno se va quedando rezagado de los otros dos. Intento cogerlo y justo cuando estoy a punto de alcanzarlo decido aflojar. El pulso se ha recuperado, pero las piernas no pueden más.
Decido tomarme el resto de Costas como entreno de rodaje. El cansancio acumulado de la semana se nota. Este microciclo es duro.
Vamos, ¡que me dieron pa’l pelo! jejejej. A veces está bien ser la víctima y presa de otros depredadores. Disfruto muchísimo cuando me hacen sufrir sobre la bici. Así es como se mejora.
Ésta, era la escena de ayer en las Costas de Garraf :-)

