Vuelvo a dedicar algo de tiempo a este —casi olvidado— pequeño rincón. No me voy a excusar en que me ha faltado tiempo, no. En esta ocasión ha sido más bien una combinación de no encontrar el momento adecuado que coincidiera con las ganas de escribir. Y aunque tengo varias entradas interesantes en borrador, las tengo que terminar de pulir. Alguno de estos días lo haré.
Hoy vengo a hablar del éxito y del fracaso. ¿Por qué? —os preguntaréis—. Llevo un tiempo dándole vueltas y este año creo haber encontrado ya mi mayor éxito y mi mayor fracaso. Me explico a continuación. Empezaré por el fracaso.
Fracaso
Uno de mis objetivos de final de año consistía en finalizar la Cavalls del Vent. Una carrera de montaña de las catalogadas como Ultra-Trail, enmarcada en la disciplina del running. Hasta aquí bien. La ilusión estaba ahí. Las ganas no faltaban. Los entrenos iban cayendo. Sin embargo, soy de pies delicados. Más delicados que las manos de un pianista.
A consecuencia de una antigua lesión de cintilla iliotibial estoy acostumbrado a correr con plantillas; las cuales fueron una solución formidable para el problema. Corriendo en llano no sufro ningún tipo de molestia. El pie está perfectamente acostumbrado a la nueva pisada, a la plantilla. Kilómetros y kilómetros sin molestia alguna.
La sorpresa vino cuando empecé a correr por montaña. Tiradas de veinte, treinta e incluso casi cuarenta kilómetros me hacían soñar con la ilusión de cruzar el arco de meta en el municipio de Bagà. Aparecieron los primeros problemas: ampollas en el talón. Sin embargo, no eran ampollas fulminantes e invalidantes para correr, por lo que no les presté la debida atención. Craso error.
Las zapatillas, mis Salomon XA PRO 3D. Probablemente un modelo de los más veteranos entre los corredores de montaña.
—Bah!, si esto aguanta más o menos así en treinta o cuarenta kilómetros, también aguantará ochenta —me dije.
Como no quiero extenderme demasiado, ni voy a publicar una crónica a medias hasta mi abandono en el evento, simplemente diré que ambos pies aguantaron hasta el kilómetro 44. Ampollas fulminantes que arrastré desde prácticamente el kilómetro quince o veinte. Invalidantes para correr.
Soy una persona capaz de tolerar, aislar y asimilar el dolor extremadamente bien, pero en este caso ya no era cuestión de sangre fría, cabezonería y mentalidad sufridora. En este caso ya no podía efectuar la pisada con normalidad, con el consiguiente riesgo de lesión. Incluso estuve a punto de torcerme ambos tobillos en varias ocasiones por efectuar la pisada con suma desconfianza.
Con todo esto, al llegar al kilómetro 44 decidí que lo más sensato era abandonar. Era absurdo intentar continuar cuando aún me encontraba en el meridiano de la prueba. Antes he de reconocer que tenía menos cabeza para tomar este tipo de decisiones. La experiencia me ha hecho madurar en el deporte. La experiencia es un grado.
Por tanto, puedo afirmar que durante mi camino en el deporte de manera más o menos constante y/o seria, a día de hoy, mi mayor fracaso es este abandono. Sin embargo, no me quita el sueño. El año que viene volveré, pues ya he dado con la solución de raíz para el problema. Me compré hace un tiempo las zapatillas Asics Gel Trabuco 14 y empecé directamente a correr por montaña sin plantillas. Mano de santo. Tiradas de veinte, treinta y cuarenta kilómetros sin rozaduras ni ampollas.
El año que viene volveré con todos los deberes hechos.
Éxito
Primera parte: la alimentación y el peso
El éxito se lo debo a dos acontecimientos relacionados. Llevo alrededor de dos años intentando bajar de peso, de mis 69.0-70.0 kilogramos habituales. Algo sencillo para algunas personas; muy complicado para otras. Son tantos los factores que intervienen en la fisiología y el metabolismo del cuerpo humano, que resulta extremadamente complejo intentar plasmar o describir un método común y efectivo para todos los mortales.
Como se suele decir en la Ingeniería y el Desarrollo de Software: “There is no silver bullet” (no hay bala de plata). Y no sólo eso, hay un componente psicológico muy importante en cuando a seguir una dieta o restringir/controlar la ingesta diaria de alimentos.
Tras dos años de investigación y pruebas ensayo-error conmigo mismo he conseguido aislar y controlar qué funciona y qué no funciona en mi metabolismo. Y mejor aún, adaptarlo a mis condiciones particulares en el día a día, tanto a nivel de horarios de trabajo como de deporte. Recordemos que soy una persona que está sujeta/expuesta a un nivel de desgaste muy alto debido al número de horas que dedico a la práctica deportiva. Hay que tener especial cuidado con esto.
Cuando digo pruebas ensayo-error conmigo mismo me refiero a prestar especial atención a lo que como y lo que no como, con ayuda de la báscula, controlando día a día los valores de ésta (% grasa, agua, músculo, peso, BMI). Siempre, pruebas controladas, no poniendo en riesgo mi salud. Y esto último lo he certificado con una analítica.
Día a día, anotando en una libreta todo lo que comía, y anotando dos veces al día (mañana y tarde) los valores de la báscula. Tras muchos muchos datos, tocaba analizar y buscar patrones comunes. Análisis de datos puro y duro. Soy una persona de formación técnica acostumbrada a trabajar con grandes volúmenes de datos, y me gusta analizar, estudiar, comparar, buscar patrones. Así lo hice. Y conseguí aislar algunas cosas muy interesantes, que no voy a plasmar aquí —pues escapa al alcance de esta entrada—, pero lo haré en otras futuras publicaciones.
Soy una persona a la que le gusta mucho la comida. Disfruto comiendo. Y no tengo fin. En ocasiones como por comer. Controlar el componente psicológico era importantísimo, de vital importancia. Con eso, y otros ajustes y supresiones en mi alimentación he conseguido situarme en la línea de los 62.0 kilogramos. Definiendo mucho la musculatura, incluso el espejo me ha recordado que yo también tengo abdominales. Perdiendo el mínimo posible de músculo. Y en un tiempo prudencial y controlado de 4 meses.
Ahora me siento más ligero que nunca. He ganado muchísimo en el running. He perdido un poco llaneando en la bici, pero lo he ganado con creces en las subidas. Lo prefiero así. Además, el pulso me ha bajado —sí, aún más— tanto en competición o entrenamiento como en reposo. Recupero muchísimo mejor los entrenamientos. En fin, mi organismo se ha vuelto más económico. He experimentado tantos cambios que me parece aún más asombroso el cuerpo humano y su capacidad de adaptación a los cambios.
Segunda parte: el running
Con la pérdida de peso que he conseguido, he mejorado enormemente el running. Ocho kilogramos menos de peso se notan. Y se notan mucho. Las recuperaciones son mejores y más rápidas. Tanto es así, que para la Jean Bouin de este año conseguí pasar por el kilómetro número 10 en 35:32. Y finalizar la cursa en un tiempo total de 36:02. Salieron unos 158 metros de más según mi Garmin 310xt.
Teniendo en cuenta que la subida al Paralelo, y la última parte de la carrera que también es en subida muy pronunciada, me sorprendí mucho con el resultado obtenido, sobre todo teniendo en cuenta la salvajada del día anterior: ocho horas de entrenos (tres horas de bicicleta de carretera, tres horas y media de trail running, y luego por la tarde dos horas de BTT). De no haber sido así, estoy convencido de que hubiera detenido el crono en 34 minutos.
El ritmo medio me salió a 3:33min./km.; aunque he conseguido correr de manera estable en 3:20 y pico por kilómetro. En la Jean Bouin empecé a acusar una fatiga muscular importante a partir del kilómetro seis y, sobre todo, en la subida del Paralelo.
He notado tanta mejoría, y me ha sorprendido tanto el resultado de la Jean Bouin, que me he impuesto un ambicioso objetivo antes de que termine el año: conseguir un sub35 en La Cursa dels Nassos.
Además, para hacerlo más difícil —y contrariamente a mis planes iniciales— no estoy haciendo ni una sola serie. Ni pienso hacerlo. Voy a ir simplemente con rodajes suaves. Ahora cada vez que salgo a correr mis piernas se mueven a una frecuencia de entre cinco y seis minutos por kilómetro.
Con esto último no quiero decir que hacer series sea estúpido. Si consigo hacer un sub35 sin hacer series probablemente signifique que aún tengo margen de mejora para rascar más tiempo. Soy una persona que funciona con objetivos. Y éste, a nivel psicológico me lo estoy tomando tan en serio como cuando me planteé terminar mi primer IRONMAN.
Jean Bouin 2011, en el centro, con Javi Güermes (Áccura) a mi izquierda
Ahora es cuando todos piensan: “este tío está zumbao’; un sub35 sin hacer ni una sola serie…”.
A todos ellos les digo al más puro estilo del eslógan de Adidas: Impossible is Nothing. Y les dejo un video (Sara Reinertsen, IRONMAN Finisher) de esos que te llegan al corazón, con un mensaje: Don’t say you can’t (no digas que no puedes).
“Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar” —Paulo Coelho.


