“¡Qué duro!”, le exclama entre jadeos, un participante a su inmediato anterior. “Y que lo digas”, le responde éste. Silencio. La ascensión continúa. Los participantes discurren, en ascenso, a ritmo de zombis, en silencio. Jadeos, lamentos y réplicas. Y súplicas. ¡Por favor, que termine ya esta agonía!
Me duele el espinazo, pienso. Me sigue doliendo el espinazo, pienso de nuevo. Los cuádriceps de ambas piernas me arden. Paso tras paso, mientras trato -por todos los medios- de mantener el mismo ritmo de subida, arrastrando mis 68kg. de peso, se suceden los fogonazos en ambas piernas. Y es que, el calentón viene desde el inicio del primer kilómetro. La verdadera subida comienza a los 980 metros de recorrido. A la fatiga muscular de ambos cuádriceps, y al poco tiempo, se une el agotamiento del gemelo derecho. ¡Bienvenido a la fiesta! ¡el que faltaba!
Por delante, 1440 metros de desnivel positivo. La regla de oro: “No mires hacia arriba”, olvidando el clásico “No mires atrás”. Pero si yo había venido a correr… pienso. De correr, nada. Aquí se camina, o mejor dicho, se arrastra el culo hasta la meta. Y por si todo esto fuera poco, el recorrido tiene tramos casi literalmente de escalada sobre la vertical.
¡Bien! ¡Cuánto más difícil y sufrido, mejor!
Miro el pulsómetro. Vuelvo a mirar. Tras apartar la vista unas cuantas veces, miro de nuevo y confirmo: no bajo del 80%, y eso en el mejor de los casos. Bombear al 80% es un regalo de los dioses. El 85% es la frecuencia normal de trabajo en el ascenso. Voy a petar, pienso. ¡No voy a petar!, me ordeno. Pim, pam, pim, pam.
El Montsent de Pallars (2.883 metros) se ve a lo lejos. Y cuando me quiero dar cuenta estoy arriba. Cumbre. Meta. Toque de campana. He llegado, y las famosas endorfinas se liberan, actuando a modo de sedante, dejando de lado cualquier tipo de dolor, y haciéndome pensar en la próxima aventura.
“El dolor es algo temporal, puede durar un minuto, una hora, un día, o un año, pero al final se acabará y otra cosa tomará su lugar. Sin embargo, si me rindo, ese dolor será para siempre.” – Lance Armstrong
Una experiencia nueva. Un reto. Una meta. Una hora y dos tercios de otra, de agonía, desde el primer minuto. Mola. Sufrir mola. Ahí radica la esencia de estas aventuras. No era la primera, pero tampoco será la última…
Espero volver, dentro de poco, a escalar otro kilómetro.
Continuará.
Dejo unas fotografías que ilustran aquellos momentos.

Momentos previos a la salida, en Cabdella

Oops, esto es alpinismo, ¿no? :)

Seguimos subiendo, esto no se acaba…

Cronoescalada en estado puro

¡Objetivo parcial conseguido! Sigamos…

¡Ya se vislumbra la cima! Vamos, vamos…

Vengo de ahí abajo, sí, ahí abajo…

El descenso hacia el descanso del guerrero…

Junto a la casa de Sergio. Al fondo, la cima

La cima donde estuve por momentos. Increíble…
Algunos números:
- Tiempo total: 1h 43min. 42seg.
- Posición general: 35 de 103.
- 1300 kcal. aprox.