Jorge Danoz

Weblog de un Ingeniero, Emprendedor y Triatleta

Half Challenge Calella 2011, Finisher 4 horas 51 minutos 07 segundos

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Tres años ya. Uno, dos, y la presente entrada relata el tres.

La distancia “Medio Ironman”, una organización perfecta, y la proximidad hacen de esta prueba algo especial. Cita obligatoria cada año.

La crónica va a ser breve. No pretendo aburrir al lector. Simplemente transmitiré las sensaciones de esta nueva aventura.

Natación

El segmento deprimente por excelencia en el triatlón. Mi particular Talón de Aquiles. Sin embargo, ya no me preocupa. Ya no me pongo nervioso. Es un trámite. Hay que hacerlo y punto.

Este año he nadado muy tranquilo. Cuando dieron la salida me introduje en el agua con tanta calma que parecía que me iba a dar un simple baño. “Vamos a nadar un rato”, pensé. La mentalidad optimista. Se trata de eso. Nadar un rato. Ya saldremos del agua.

Natación tranquila, con algún que otro manotazo. Casi toda la natación sufriendo las consecuencias de una pequeña entrada de agua en las gafas. Con la calma, parada para vaciar y recolocar las gafas, y a seguir.

Este año he descubierto algo interesante. Me bebo medio litro de isotónica en la arena. “Joder, ahora tengo ganas de mear”, le digo a no recuerdo quién. “Méate encima, da igual”, me dice ese alguien. Joder, tenía razón. ¿Qué más da? Al carajo, calorcillo y agusto que me quedé. Qué guay.

Tiempo final: 41 minutos 32 segundos. Vamos, de pachanga. Pero si no te ahogas, ya vale. Que yo no soy nadador, oye. Ya salgo del agua. Mola.

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Saliendo del agua

Bicicleta

Mi apuesta principal. Mi pilar fundamental en los entrenamientos ha sido esta disciplina. Con el tiempo he aprendido que es el foco principal. Minimizas las lesiones y realizas un buen entreno cardiovascular. La bicicleta es lo mejor que hay. Nadar, al final, es aburrido. Correr, al final, desemboca en lesiones, sobrecargas y penalizaciones invalidantes. Por lo tanto, lo que mejor llevaba era la bicicleta, y mi apuesta estaba aquí.

Dicho y hecho. 2 horas 26 minutos 52 segundos. Y con la sensación de todavía haber podido dar un poco más. Mola.

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Comenzando el sector de bicicleta

Carrera

Empiezo corriendo en la horquilla 4:05 – 4:10. Cómodo. Ritmo, ritmo, ritmo. Voy haciendo. Km 13. Las piernas ya no van. No sé si fue el calor, pero las piernas ya no funcionaban. El ritmo cae a 4:30 – 4:45. Cagada.

Mi lesión-molestia en el talón derecho no hace acto de presencia más allá de una simple pequeña sobrecarga no invalidante para el ritmo normal de carrera. De fondo bien. Piernas KO. Qué extraño. Y eso que lo mío es correr. Mola. Sufrir mola. Es la gracia del asunto. Ese sufrimiento que hace que tu mente se deslice por la hoja de un cuchillo, pero sin llegar a cortarte. Una mente fuerte. En el fondo, todo está en la cabeza. Llevar la cabeza entera, bien entrenada, es vital.

Tiempo final de carrera: 1 hora 36 minutos 13 segundos.

Un poco avergonzado y, es más, decepcionado conmigo mismo, con el tiempo de la carrera a pie. Puedo hacerlo mejor. Sin embargo, contentísimo con el resultado. Sobre todo con el resultado del sector de bicicleta.

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Inicio del sector de carrera a pie

Tiempo total: 4 horas 51 minutos 07 segundos.

Un año más, Finisher. Una aventura más que puedo contar. Y lo mejor de todo: sorpresa. Me he clasificado para el Campeonato de España de Triatlón por Grupos de Edad. Por categoría M30-34, que uno ya tiene treinta años, oiga. Así que ya tengo cita obligada en Vitoria el próximo mes de Julio (Media Distancia). Y posiblemente también en Ibiza después de verano (Larga Distancia).

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En el hotel, fin de la prueba, ducha y vuelta a casa

Written by Jorge Danoz

junio 13th, 2011 at 1:54 am

Orbea Monegros 2011, la crónica del desastre

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No hay carrera que me haya salido peor. Definitivamente no era mi día.

Breve crónica de un desastre

Viernes noche. Carga de hidratos. Descanso intermitente.

Madrugada del sábado. Viaje a Sariñena. Bebo abundante agua e isotónica por el camino. Hidratación abundante. Ya en Sariñena, bocadillo improvisado de pechuga de pavo en un supermercado Eroski. Digesión sin contratiempos. Plátano. Isotónica. Casi una hora y media antes me sitúo en el pasillo de salida. Sendos arcos  de Orbea delimitan el emplazamiento de los corredores. Calor aplastante. Pasan los minutos y creo que estoy a punto de hacer la fotosíntesis en varias ocasiones. Agua. Isotónica. No nos deshidratemos.

13:30. Puntualidad británica para la salida. Ritmo endemoniado al sprint. ¿Pero ya estamos llegando a meta? Unos pasan. Que pasen. Otros se quedan atrás. No hay prisa. Sólo hay que subirse en el autobús adecuado y rodar. Si algo tiene Monegros es eso. Autobuses de veinte, incluso treinta ciclistas.

Kilómetro cincuenta y cuatro. Velocidad constante. Ritmo de crucero entre 38 y 45 kilómetros a la hora. Ritmo peligroso en un grupo compacto. No importa, me gusta el riesgo controlado. Reventón de rueda. Por suerte -aún no sé cómo- consigo detener la bici, eso sí, con la rueda delantera desllantada.

Ya con los dos pies en tierra, me percato de que la rueda trasera también está pinchada. Cojonudo. Trabajo doble. Sesión de bricolaje a pleno sol. Mientras tanto los mosquitos hacen de las suyas. Creo que era alguna brigada de transfusiones de sangre. Me dejaron seco en cuestión de veinte minutos que tardé en cambiar las dos cámaras. Cabrones.

Reanudo la marcha. Kilómetro sesenta y cinco. Ritmo constante. Despiste. Piedra. Hostia importante. Contusiones varias, entre ellas la muñeca derecha. Rascada importante en la tibia izquierda. Uno es que ya no sabe cómo depilarse. Cada uno se depila como quiere oye. Más tiempo perdido. A tomar por culo la carrera. Sigamos.

Últimos kilómetros con problemas de cambio, o problemas de cadena, o el desviador. Ni idea. Entre pitos y flautas en total calculo haber perdido alrededor de una hora y quince minutos. Quizá más. El deporte es así. No siempre tienes un buen día.

Y a pesar de todo, mola. Monegros mola. El año que viene acudiremos a la cita con tubeless. Empiezo a estar hasta el gorro de los pinchazos. Recomiendo también ir con neopreno, para las picaduras de mosquito, claro. Lo que más jode es que las picadas de esos mosquitos durante el mismo día no molestan, es más, casi ni te enteras. Lo jodido es al día siguiente. Creo que llevaban taladros los cabrones.

Y con esto cierro el microciclo con 11 horas en la saca. Ahora a ver cuánto tarda la muñeca derecha en recuperarse… no puedo nadar, no puedo ir en bici. Pero puedo correr. Mi talón derecho se resiente, pero tendrá que aguantarse un poquito más. Tendrá que sacrificarse por la muñeca.

Written by Jorge Danoz

mayo 2nd, 2011 at 7:13 pm